Sentimientos en Demon Slayer: Infinity Castle
Para mí, ver Demon Slayer: Kimetsu No Yaiba The Movie: Infinity Castle es como sumergirse en una tormenta de emoción y espectáculo. No es solo un arco argumental más, es la culminación de todo lo que la serie ha estado construyendo, y la atmósfera te impacta como un maremoto.
La sensación emocional es abrumadora. El propio Castillo Infinito se siente infinito, un laberinto que refleja el caos y la desesperación de las batallas que se libran allí. Siento tensión por todas partes: cada momento tiene un peso; sientes que este es el punto de no retorno.
Aun así, hay un matiz agridulce, como estar al borde de algo monumental y saber que es la última subida.
Siento la inmersión. El entorno del castillo te transporta a un mundo surrealista y cambiante donde el peligro acecha por todas partes. Es un equilibrio entre belleza y terror: las imágenes son impresionantes, pero tienen un peso ominoso.
Ver Infinity Castle es como entrar en una gran ópera embrujada: hermosa, aterradora e inolvidable.